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sábado, 21 de junio de 2014

Carta de A. Caicedo a Juan Gustavo Cobo Borda 1977.



La siguiente carta fue escrita por Andrés Caicedo en el año 1977. Está dirigida a Juan Gustavo Cobo Borda (editor de ¡Que viva la música!) y por hoy uno de los críticos literarios más prolíficos de Colombia. Fue hallada en una edición "pirata" de la novela en cuestión. 



Patricia y Andrés en compañía de Hector Lavoe en febrero de 1977 (Fot. Luis Ospina)






Cali, octubre 6, 1976
Querido J. Gustavo:


Sé que estás buscando las fichas bibliográficas para Obra en marcha No.2. ¿Cuándo es que sale? Mis datos son más o menos los siguientes:

Nacido en 1951 en Cali, dirigí varios grupos estudiantiles de teatro y el de la Universidad del Valle (Je, Je, varios premios) con obras mías o de Pinter, Ionesco, José Triana, Edward Albee.  Dos años en el TEC como estudiante y asistente de E. Buenaventura. He ganado premios de cuento (nacionales o no) en la U. del V., en el Buho, en el Externado de Colombia, en Caracas. He publicado narrativa en El Espectador, El Pueblo, Imagen, Aquelarre, La palabra y el hombre, y hasta ahora sólo un librito El atravesado. Y escrito sobre cine en los tres diarios mencionados y en Hablemos de cine, Ojo al cine y Gaceta. Edito y dirijo (con Patricia Restrepo) Ojo al cine y fui el fundador del Cine Club de Cali.  Esta semana sale Ojo No. 5, y la otra entrego a la imprenta un libro de relatos (tres de ellos hacen una novelita: Baladas para niños muertos). Deséame suerte. ¿Me vas a contestar esta cartica, sí o no,  al menos para que informes cuándo sale mi novela? Ya llevo una 200 páginas de otras, muy violenta: Despescueznarizorejamiento. Y le trabajo al volumen de comentarios de cine que me comprometiste.  Empiezo por los artículos largos y termino por las notículas.

Juan Gustavo, como ya habrás visto, aquí te envío el cuento que tú quedaste de editar para Eco cuando tuvieron, precisamente, el paro del presupuesto. Ahora que la revista va a volver a salir, por favor, inclúyelo. Para mí sería de gran importancia: es un cuento que parodia un género y critica, al mismo tiempo, la clase de parodia que utiliza el narrador.  No me explico por qué permanece inédito desde 1975. Haz tú que salga de esa suerte, de verdad no se la merece.
Un abrazo,

Andrés (Caicedo).





Presentación UNA ALBERCA EN LA LUNA de RAÚL HENAO


Torre de la Memoria BPP
2 de julio de 2014.
6:30 pm.





viernes, 6 de junio de 2014

CANIBALISMO. Andrés Caicedo.


A continuación uno de los cuentos más reveladores de Andrés Caicedo. Allí se mezcla el realismo (social) de la Colombia de todos los tiempos, con el toque fantástico de la nueva literatura que empieza a surgir con el escritor caleño. 





Hay varias maneras de comerse a una persona.


Empezando porque debe ser diferente comerse a una mujer que comerse a un hombre. Yo he visto comer hombres, pero no mujeres. No sé si me gustara ver comer a una mujer alguna vez. Debe ser muy diferente. Lo que yo por mi parte conozco son tres maneras de comerse a un hombre. Se puede partir en seis pedazos a la persona: cabeza, tronco, brazos, pelvis, muslos, piernas, incluyendo, claro está, manos y pies. Sé que hay personas que parten a la persona en ocho pedazos, ya que les gusta sacar también las rodillas, el hueso redondo de las rodillas, recubierto con la única porción de carne roja que tiene el cuerpo humano. La otra forma que conozco es comerse a la persona entera, así nomás, a mordiscos lentos, comer un día hasta hartarse y meter el cuerpo al refrigerador y sacarlo al otro día para el desayuno, así. Como comerse un mango a mordiscos. Porque yo puedo decir que a mí antes me gustaba muchísimo el mango verde, y después vino esa moda de partir el mango en pedacitos y fue apenas hace como una semana que me vine a dar cuenta que los mangos verdes me habían venido a gustar menos y supe también que era porque me los comía partidos, así que seguí comprándolos enteros, comiéndolos a mordiscos, y me han vuelto a gustar casi tanto como cuando estaba chiquito. Eso mismo debe pasar con los cuerpos. La persona que ya lleva siglos comiéndolos tiene que darse las maneras de variar el plato para no aburrirse, porque si no cómo hacen. Yo no sé, si ustedes leyeron la otra vez en la prensa que habían encontrado el cuerpo de un coronel retirado, metido en una chuspa de papel y amarrado con cabuya, lo que dijeron fue que lo habían encontrado por el Club Campestre, y que había expectación por el extraño estado en que se había hallado el cuerpo. Era un coronel Rodríguez, un tipo ni flaco ni gordo, de bigotito, y con una chucha que arrasaba. Claro que los periódicos nunca dijeron en qué consistía ese “extraño estado en que se había hallado el cuerpo”, pero como yo no estoy al tanto de las cosas yo sé que el cuerpo ese lo que estaba era todo mordido. No se lo acabaron del todo porque mi coronel ya tenía 52, allí fue cuando se dieron cuenta que no había como la carne de gente joven, fresca. Los ojos, por ejemplo, que dizque son lo más exquisito, dicen que cuando la persona pasa de los 35, se endurecen y se agrian, ya no vale la pena comerlos.


SADE CONTEMPORÁNEO. Por Jorge Gaitán Durán


C’est tenter l’homme
que de lui laisser un choix.


D.A.F. de Sade
(La philosophie dans le boudoir)




A penas libre de la relegación secular, Sade debe sobre-llevar el peso de la mistificación. Su mito es —digámoslo así— una invención de nuestro siglo, en la cual encontramos a cada paso profunda relación entre la fábula y la necesidad. Esta circunstancia contiene, no sólo un testimonio, sino también la intensidad de una solicitación humana. Nacido el dos de junio de 1740 y muerto el dos de diciembre de 1814, Donatien-Alphonse-François de Sade previó el vasto silencio hecho sobre su nombre durante una centuria: "La fosa ya recubierta, que se siembren encima semillas, para que con el tiempo, al quedar el terreno de dicha fosa de nuevo guarnecido y el montículo forrado de yerba como antes, los rastros de mi tumba desaparezcan de la superficie de la tierra, del mismo modo que mi memoria desaparecerá del espíritu de los hombres, a excepción —sin embargo— de aquellos pocos que han querido amarme hasta el último momento". Sólo a comienzos del siglo XX 1 se le abrió sitio en la historia de la literatura francesa. Este reconocimiento tardío implica, desde luego, una suerte de destino significante. En efecto, si bien las ideas filosóficas de Sade entroncan directamente con el racionalismo un tanto simple de su tiempo (el "Diálogo entre un sacerdote y un muribundo" 2 fue escrito siete años antes de la Revolución Francesa), la complejidad de su tentativa humana, trascendida en su obra literaria, se une de manera orgánica al centro mismo de la problemática moral de nuestra época.Indicio de ello es, por ejemplo, la poderosa influencia del Sade del "Diálogo" sobre el gide moralista de Los nuevos alimentos terrestres. Simone de Beauvoir —en su ensayo "¿Es preciso quemar a Sade?"— dice atinadamente que "las anomalías de Sade toman valor desde el momento en que, en lugar de sufrirlas como una naturaleza dada, él elabora un inmenso sistema con el fin de reivindicarlas". Más adelante, agrega: "Sade trató de convertir su destino psicofisiológico en una escogencia ética". La tentativa del Marqués es moral, en el sentido de que, por medio del exceso y de la ejemplaridad de su autodestrucción, pretendió aniquilar las apariencias de una ética generalizadora y echar las bases de otra que armonizara con las naturalezas singulares —esas mismas que, a partir de Dostoievski y Freud, hemos empezado a considerar, no como la excepción, sino como la inmensa mayoría de una humanidad exclusivamente observada a través de un proceso de simple adición de subjetividades—. La evidente relación —hasta ahora no suficientemente subrayada— del tono y del movimiento de ideas en la obra de Sade, no sólo con los enciclopedistas propiamente dichos, sino también con los moralistas clásicos, no debe engañarnos sobre el carácter de sus medios, que no son ni la razón —aun cuando él mismo haya expresamente afirmado lo contrario en el "Diálogo"— ni la libertad. Su experiencia se basa en el exceso 3 y esta circunstancia nos permite fijar los límites y comprender las peculiaridades de su empresa. El exceso imaginativo, más que el carnal, es en última instancia una forma de autocoacción. Sin pretender jugar con términos que han pasado ya al vocabulario corriente de la psicopatología, podríamos afirmar que hay algo de masoquista en el desbordamiento de Sade. Parece lógico que este gran voluptuoso mental hallara cierto placer, no sólo en el proceso intenso de su propia destrucción, sino también en la ruptura de su comunicación con la sociedad, al asumir escándalos que lo relegarían y separarían definitivamente, y que conciencia tan alerta como la suya aceptara —en contra del mismo instinto creativo— el riesgo inherente a una obra extrema 4. Simone de Beauvoir anota muy justamente que Sade realiza su erotismo a través de su obra literaria. En efecto, lo imaginario permite una infinitud de combinaciones sexuales, que en la vida real la misma materialidad del cuerpo, por un lado, y el marco social, por el otro, hacen imposible. Pero deducir de esto que Sade pretendía, amparándose tras la escritura, salvaguardar su comunicación con la sociedad, resulta, a nuestro entender, un tanto forzado y contradictorio. Juzgamos más probable que fuera precisamente esa realización suprema de su erotismo lo que más contribuyó a agotar sus posibilidades comunicativas, puesto que una colectividad podría hasta aceptar cierta libertad de costumbres e, incluso, cierto libertinaje; pero de ninguna manera una obra literaria que transformara en signo dicha libertad y dicho libertinaje y les diera, por lo tanto, un carácter aclarador y universal. El Sade libertino del castillo de Coste resulta a la larga inofensivo —los escándalos pasan y el olvido los acoge generosamente—; pero el Sade escritor es infinitamente más peligroso, porque su acción se incrusta dentro de un movimiento que escapa a la temporalidad. Si Sade acepta tal riesgo, es porque su objetivo es testimoniar ante lo absoluto, fijar su majestuosa figura erótica ante poderes ininteligibles y demoníacos.

En el universo de Sade cada criatura trata de realizarse sin comunicarse con las otras. Cada personaje afronta el mundo de los destinos imaginarios. El Sacerdote y el Moribundo no dialogan nunca. Uno y otro prosiguen, aislados, sus discursos. Sus pausas no implican el acto de escuchar: son los momentos en que el ser se repliega sobre sí mismo, antes de continuar su solitario alegato. Los héroes de Sade no comunican con la carne que zajan, no le dan al otro el placer, se niegan a fundirse en el nudo carnal; están perpetuamente aparte, tensos dentro de un proyecto que los depasa. En su aislamiento magnífico parecen afirmar que el negocio es entre ellos y una trascendencia que no alcanzan, pero tampoco rechazan. Sus discursos no son la búsqueda de Dios, sino del sitio que Dios ha dejado al desaparecer. La gran flaqueza de Sade es su incapacidad de asumir el vacío. Hay testimonios de que la sola mención de la muerte lo espantaba. En su alergia ante la nada 5 radica el hecho de que nunca haya sido un verdadero ateo. De la misma manera que la revuelta de Nietzsche dimite ante la concepción de los ciclos eternales, el divino marqués transige con lo absoluto. Imposibilitado para descubrir el ser en los otros e incapaz, no sólo de ser lo que es, un ser para la muerte, sino también de negar toda trascendencia inhumana, solo dentro de un mundo hostil y solo ante un cielo adverso. Sade testimonia por sí mismo y contra todo, testimonia por cada hombre de carne y hueso, aislado, ambiguo e impotente, y contra el orden de la especie. Es entonces que, desterrado de la ciencia del ser, entra por la puerta falsa al reino moral. Si para esquivar la nada, Sade ha alienado su libertad; si por abdicar ante lo absoluto, ha renunciado a lo que hubiera podido ser la más extraordinaria aventura metafísica, no es menos cierto que ha aceptado pagarlo con su propia destrucción y que ha vivido hasta lo último, hasta el aniquilamiento, sus contradicciones, sus traiciones, sus debilidades. "Encontramos —dice Albert Camus— una idea desarrollada por Sade: el que mata debe pagar con su persona. Vemos claramente que Sade es más moral que nuestros contemporáneos". En última instancia, Sade ha corrido el mayor de los riesgos: asumir la condición real de un hombre y no una condición humana ideal. Al testimoniar así, zapa los fundamentos de una ética generalizadora; al rechazar los esquemas de una conducta, la peculiaridad de su ambición moral comienza a tornarse válida para los otros hombres. A Sade podemos aplicarle lo que escribe Camus, refiriéndose a Nietzsche: "La moral tradicional no es para él sino un caso especial de inmoralidad". Llegados a tal punto, nos sorprendemos: fascinados por el espectáculo de su descomposición, se nos había escapado que el Marqués ha sabido oponerle una figura auténtica al tiempo. Ahora nos damos cuenta de que su empresa ha superado las propias contingencias de su época. El hecho de que una tentativa aniquile a su autor, no significa que necesariamente ella cese de existir como tentativa. La de Sade toma importancia reveladora precisamente en nuestro tiempo porque, implicando el desacuerdo entre un destino humano proyectado hacia lo absoluto y la temporalidad de formas sociales dadas, la percibimos incorporada a nuestra situación en un instante en que las apariencias morales de un orden, condenado como el de los años anteriores a 1789, entran en crisis y se disocian de nuestra ambición ontológica. De ahí que un fracaso histórico pueda alcanzar la ejemplaridad.

Colocado dentro de sus límites, Sade comienza a mostrarnos su aptitud para lo ambiguo6 . Hay que saber separar en su obra todo lo que es alegato temporal, o táctica destinada a los poderes del momento, de aquello que constituye su pensamiento auténtico. Pero el solo hecho de que debamos llamar la atención sobre este punto, y sobre las frecuentes contradicciones e incoherencias de su literatura, denuncia ya una relación equívoca. En la personalidad del Marqués la farsa y la verdad están agresivamente unidas, no pueden existir sino mistificándose mutuamente, se atraen y rechazan dentro de una constante inversión de papeles, en cuyo movimiento perpetuo la una toma a cada instante la apariencia de la otra 7 . Para no dar el último salto a la nada y, no obstante, salvaguardar su empresa ética; para cumplir un proyecto que lleva consigo la destrucción y, sin embargo, preservar su figura, Sade entra en componendas. Ya hemos dicho que su ateísmo resulta poco convincente. En algunos de sus discursos, apenas sí reemplaza el dios antropomórfico de los cristianos por un dios vago, cuyo cuerpo son todas las fuerzas benévolas y las energías demoníacas de una naturaleza tan omnipotente a la larga como el Padre Eterno. Su fe en una razón abstracta tiene, en última instancia, el mismo carácter que la fe de los católicos en la divinidad. Más aún —e ignoramos si alguien ha llamado la atención sobre ello— su actitud frente a Cristo está llena de inconsecuencias. Uno de los cargos más graves que el Marqués retiene contra Jesús de Galilea es el de sedicioso. Indudablemente la calidad más resaltante que para un no-cristiano anticonformista tiene la personalidad histórica de Cristo es la de revolucionario —tanto en el sentido moral como en el sociológico—, y resulta sorprendente ver al sedicioso ético que es Sade denigrándolo por ello 8. La contradicción nos asombra en el primer instante porque los comentadores de Sade no han subrayado suficientemente su oportunismo, ni mucho menos el hecho —rico en perspectivas— de que se trata de un oportunismo dramático. Realista bajo el rey, republicano bajo la república, ¡el Marqués es encarcelado por el rey y por la república! Hay momentos, desde luego, en que Sade acepta utopías sociales avanzadas —los grandes sueños estructurales eran el tema de su época—; pero el movimiento de su espíritu y de su vida no parecen indicar que esto obedezca a una intencionalidad entrañable. Camus anota al respecto:

Sin duda Sade ha soñado en una república universal, cuyo plan nos los expone a través de un sabio reformador, Zame. Así nos muestra que una de las direcciones de la revuelta es la liberación del mundo entero. Pero todo en él contradice este sueño piadoso. No es amigo del género humano. Odia a los filántropos. La igualdad de que habla a veces es una noción matemática; la equivalencia de los objetos que son los hombres, la abyecta igualdad de las víctimas. La República de Sade no tiene la libertad como principio, sino el libertinaje.

En realidad, la burocracia represiva de la sociedad, sea realista o republicana, le resulta necesaria porque le permite trasladar al exterior su yo masoquista y atribuir su autodestrucción a la acción de poderes extraños. La situación de clase del Marqués nos aclara hasta cierto punto sobre sus anomalías (la condición de aristócrata implica cierta pasividad, cierta actitud femenina ante el rey. Toda corte se parece a un serrallo por sus inevitables conflictos de celos, prelaciones y favoritismos). Para Sade el Estado, esa concreción coactiva de la colectividad, se transforma en sujeto penetrador y viril, mientras él mismo (el Marqués) se percibe como objeto penetrado. Para sobrellevar sus propios excesos imaginativos, para poder devenir, Sade proyecta sobre el mundo un esquema varonil y flagelador, que luego se vuelve contra él convertido en imposición de omnímodas fuerzas externas o en tiranía de una naturaleza demoníaca. Sólo así puede sustraerse, esporádicamente, a su propia responsabilidad. Se trata de una defensa de carácter vital, subconsciente, semejante de cierta manera a los juegos matemáticos que hacía en prisión. Pero también sería ilícito pensar en un movimiento de su propio demonio que creara una situación parecida al exorcismo, en la cual él hiciera a la vez de exorcizador y poseído. Sade no puede, pues, rebelarse contra la totalidad de la sociedad, sino solamente contra aquella parte formada por las costumbres y apariencias morales que se oponen directamente a sus propias inclinaciones. Dentro del mecanismo que hemos intentado describir, el Marqués se halla en posición de rebelarse o contemporizar, según la oportunidad. La lucidez que le permite ver las normas éticas fijas como temporales y en desacuerdo con el doble ritmo de la naturaleza y de la subjetividad humana, debe ser colocada dentro del marco de una gran servidumbre. Su ambigüedad política, que al principio se nos presenta como destino, no es en el fondo sino la dramática limitación de una empresa que insurge contra lo temporal y transige con lo absoluto; pero esta tensión interna lo sitúa en el nudo mismo de la tragedia y nos ofrece su obra como aclaradora de nuestra condición, de la misma manera que el conflicto entre la fatalidad y los proyectos individuales en la tragedia griega preserva, a intención nuestra, la densidad humana de una sociedad para siempre abolida. Rechazado por la historia, es en la historia de nuestro tiempo que Sade alcanza su doble aspecto de mito en plenitud y de aleccionadora desnudez vital. La ejemplaridad de un fracaso comienza a ser fructuosa, cuando advertimos que ha sido lograda a expensas de un ser que supo reivindicar el absurdo de una condición real. No resulta, por lo tanto, desmerecedora, ni siquiera extraña, la posibilidad de que —contra el desenlace mismo del texto— en el "Diálogo entre un sacerdote y un moribundo" el Sacerdote haya terminado por triunfar. En efecto, Sade en algunos de los años de su vejez no sólo aceptó escribir una obra, en el asilo de Charenton, para celebrar la visita del Arzobispo de París, sino que el día de Pascuas sirvió de pan bendito y recogió el óbolo en la iglesia de la parroquia.


Este artículo fue publicado por primera vez en la Revista Mito N. 1, Año 1, abril-mayo, 1955. 

sábado, 26 de abril de 2014

ANTOLOGÍA MÍNIMA DE JAIME QUEZADA, PRECEDIDA DE UN COMENTARIO SOBRE SU VIDA Y OBRA.


Por Jair Trujillo.








Jaime Quezada (1942), poeta, ensayista y crítico literario chileno. Estudió Derecho y Literatura (Universidad de Concepción, sur de Chile). Tempranamente desarrolla una permanente labor creadora y una activa tarea literaria y cultural en su país. Es autor, entre otros libros, de Poemas de las cosas olvidadas (1965), Las palabras del fabulador (1968), Astrolabio (1976), Huerfanías (1985), Un viaje por Solentiname (1987), No liberto hombre (1991), Escritos Políticos (1994), Por un tiempo de arraigo (1998), Bendita mi lengua sea (2002), El año de la ira (2003), Adamita (2003), Llamadura (2004), Botánicas y astronomías (2009).

Jaime Quezada pertenece a la generación que surge a mediados de los años 60 (la que comienza sus actividades en el año 64 o 65). Sus inicios en la poesía tienen que ver con su vinculación a la Universidad de Concepción, espacio que aprovecha para fundar con otros poetas el grupo “Arúspice”, paralelo a este grupo, se forma en la Universidad Austral de Chile el grupo “Trilce” y en Arica, sede regional de la Universidad de Chile, surge el grupo “Tebaida”. Estos grupos “estudiantiles” permitieron que jóvenes de distintas disciplinas (carreras) se vincularan a la actividad literaria mediante el diálogo poético, como sucede con todos los grupos, canalizaron su trabajo en revistas. Hay que decir aquí que la “formación literaria” de estos jóvenes se da a través de “talleres literarios”, incluso en la actualidad, Jaime Quezada continúa vinculado a esta forma de transmitir la poesía, hoy por hoy es el Director del Taller de Poesía de la Fundación Pablo Neruda.

A los poetas relacionados con la Universidad de Concepción ―Millán, Lara, Floridor Pérez, Jaime Quezada―, les asignaron el rótulo de  “promoción emergente”. Sus rasgos más determinantes  están en que hacen una poesía contextualizada, esto es, asociada a circunstancias espaciales, sociales y vivenciales de la provincia. Aunque esto es sobre todo en los primeros libros de estos autores, más adelante, o por lo menos en el caso Quezada, toma otro rumbo con la llegada a Santiago. A esta poesía “local” y consciente de su círculo inmediato (humano y natural), se denominó también “larista” o poesía de los “lares”. Esta poesía recupera el espacio sureño, pero no desde un mero folclorismo, sino desde unas implicaciones mayores, como lo es el mito. Aunque la “emergencia” haya estado muy vinculada al “larismo”, se mantiene diferencias sustanciales (que no vamos a especificar por espacio).

Para Quezada fueron fundamentales las obras de los místicos españoles San Juan de la Cruz y Teresa de Ávila. Esto, junto a la lectura de Gabriela Mistral, lo acercan a una poesía religiosa de orientación cristiana, situando al poeta dentro de un carácter auto-sacrificial, donde aquel hace votos de pobreza y soledad. Según Iván Carrasco M, su obra Huerfanías (1985), además de señalar la madurez poética del autor, expone una idea concreta del artista (poeta) cercano a la noción de enclaustramiento y desamparo:

“Tengo miedo tengo miedo Padre
Y sobreviviré a las ruinas del templo
Tan sólo para ser aquel alguien
Que escribe en sus muros la palabra Desamparo”.

Para Iván Carrasco, Quezada es una suerte de profeta. El tono epigramático y apocalíptico, sumando la intertextualidad donde involucra con frecuencia frases bíblicas, reafirman su actitud profética, es decir, “se considera intermediario entre Dios y los hombres, depositario de una verdad revelada que se refiere tanto a la vida divina como a aspectos y sucesos de la vida terrena de la comunidad humana, actuales y futuros, relacionados con la primera”. (Huerfanías de J. Quezada: poesía apocalíptica, por Iván Carrasco M. En: Revista chilena de literatura).  

Quezada siempre ha mantenido su pasión por los estudios históricos, naturalistas y botánicos, lo que le ha llevado a recorrer el territorio chileno desde el Desierto hasta la Patagonia  y de la Cordillera de Los Andes al Océano Pacífico, acercándose a lo más nutricio del país natal. Quezada es de los pocos autores que mantiene un diálogo con las generaciones precedentes de su país, palabras que corrobora  Juan Armando Epple, quien le hizo una entrevista bastante recursiva, durante un viaje en automóvil por una carretera de Eugene (EE.UU). Quezada también es de los pocos (muchos) poetas chilenos que se quedan en su país durante el periodo de la dictadura, el cual, como es de esperarse, marca en muchos sentidos su obra. Al respecto de la dictadura, hay que decir que aquellos escritores que no tomaron el exilio (también llamados exiliados en su propio país), hicieron una obra particular por lo menos en la manera como decidieron “hablar” de la situación social y política, los que quisieron publicar y a la par pronunciarse al respecto, lo tuvieron que hacer de una manera velada, casi “camuflada” en elementos simbólicos.

Al hablar de las influencias en la obra de Quezada, además de los ya mencionados poetas místicos españoles, se encuentran algunos nombres (chilenos) como Gonzalo Rojas y Jorge Teillier (quien tuvo una activa participación en la publicación de su primer libro Poemas de las cosas olvidadas, en 1965),  y por supuesto poetas ampliamente reconocidos por todos como Pablo Neruda, Nicanor Parra, la propia Gabriela Mistral…a los cuales Quezada ha dedicado estudios teóricos.

A continuación una pequeña muestra de su poesía:



TEMPRANÍA

Yo era un niño sentado en una sillita de paja
                         en medio del jardín
Se reían de mi baba
Me tiraban piedras y manzanas
Devolvía yo las piedras
Y me comía las manzanas

Después fui un muchacho lleno de sueños
                                                        proféticos

Ahora me siento diariamente a la cabecera de la mesa
En una silla eléctrica
Pidiendo a gritos que me tiren
                                         piedras y manzanas.  



                          *         

                 

ASÍ DE COSAS DE ARRIBA COMO DE ABAJO

Parece que suena un teléfono en medio del campo
O un eco de montaña en la ciudad muerta:
Escucho clarito que alguien me llama por mi nombre
Subo al techo de una casa antigua
Y sólo quiebro tejas
A un árbol frutal de un patio vecino
Y tres veces un centinela pregunta quién vive
Al último peldaño de una escala telescópica
Y hay llamas como de incendio
A la terraza de un edificio de veinticinco pisos
Y una paloma está muerta si de esmog si de pólvora
Al punto más alto de la cordillera de Nahuelbuta
Y veo nubes puras nubes

No encuentro huella alguna
Tengo hambre
Tengo sed
Quiero por fin subir a un madero en un camino rural
Y el madero está ocupado por un hombre moribundo
No vuela un pájaro
Me siento más solo que nunca
No sé de veras qué hacer:
¿No me llamaba alguien hace un rato por mi nombre?
Formo corneta con mis manos
Saco pañuelos
Grito a todo pulmón mi santo y seña
                                       mi estatura mis brazos abiertos
Y me voy sin esperanza a un establo cercano

Hago fuego
Ordeño una vaca
Me siento a ras de suelo a beber un poco de leche
De mi barba cae un pelo (igual
           como cae de un ciruelo una hoja) a la jarra caliente
Y el pelo es en la leche un rayo de sol.



*



CULTIVA LA IDEA DE QUE EL MUNDO SE APAGA

Todos los animales han fenecido en este valle
El último aliento fue el mugido de un buey
También las aves los insectos los árboles las plantas
Ni una espora de hongo en este valle
                            a no ser la espora de hongo del esmog
Ni una drupa-melocotón
Ni un aquenio capaz de dar origen a una hoja de lechuga

(Cultiva la idea de que el mundo se apaga
Y que los planetas
Son fieras domesticadas en la selva de los ojos)

La araña del leño seco recién fecunda e insaciable
                            devorando al macho entre sus patas
El canto de motosierra del pájaro del monte
     llamando al pájaro hembra a su lecho de ramas nupciales
La ranita de Darwin saliendo del vientre de su rana madre
               y entrando a la boca marsupial de su padre
                  hasta el mes de saltar por sí misma al charco
Y en los nidos de cañas y totoras huevos color cielo
                                      de verano de los patos palustres

Pura naturaleza ficción sin embargo
Puro recuerdo e imagen a lo National geographic
                                      
                                          en los archivos de la televisión
Puro afiche publicitario de jornadas agronómicas

Cultiva la idea de que el mundo se apaga:
Las flores del peral eran en corimbo
Las del avellano amentosas
Umbelíferas las del hinojo al igual que la cicuta
Cuán verde era mi valle
                                     ¡mirad los lirios que fueron!
Y yo hombre mortal lloro en este monte sin sombra de olivos
                                                      como simple mortal
Salid de mí con duelo lágrimas corriendo
Aunque de nada sirven mis lágrimas en esta tierra seca
Si hasta el cielo se cae ahora a pedazos

(Cultiva la idea de que el mundo se apaga
Y que los planetas
Son fieras domesticadas en la selva de los ojos)

Todos los animales han fenecido en este valle
El último aliento fue el mugido de un buey
También las aves los insectos los árboles las plantas
El no huevo el no zigoto la no semilla

Veo pasar el cadáver de mi hermano
Sin una flor.



                           *


ME PINCHÉ UN DEDO CON UN TENEDOR

Me pinché un dedo con un tenedor
Un dedo de mi mano se supone
Involuntariamente pinché la carne viva: la mía
Todo pulgar como dedal rojo mi dedo
Sobre este plato limpio de lentejas
                                          blanco de loza
Sólo una mancha: agua mi sangre en este plato

Me pinché un dedo de mi mano con un tenedor
¡Dónde diablos soledad está mi servilleta!  



                               *



DESAMPARO

Mi corazón golpea la puerta de mi claustro
Cerrada bajo siete sellos
Bajo siete plagas bajo siete tentaciones:
        libra a mí d’esta prisión do yago
Y palidez de ayuno tengo en cuerpo entero
Y sobre mí fijaré mis ojos
Y yo soy mi pecado mi pantera mi bestia fiera
Y no puedo dormirme
Aunque repita de memoria salmos pasados de moda
Que mañana sin embargo serán cantados con música de jazz
       en arameo y mayaquiché y antiguo verso
Con música electrónica de 120 decibeles
Y en toda lengua: canción rock canción quechua
Y hoja por hoja y labio por labio
Serán cantados sin engaño en los retretes
En los urinarios públicos
En el gran baño turco de la ciudad en tinieblas
Y mi corazón y mi claustro pasarán
Y el cielo y la tierra y mi caballo de infancia
Y alabado será mi nombre
Que tuvo culpa de amor y no de guerra
Pecado de paraíso terrenal y no de mal ladrón

Tengo miedo tengo miedo Padre
Y sobreviviré a las ruinas del templo
Tan sólo para ser aquel alguien
Que escribe en sus muros la palabra Desamparo.



                              *       

                      

EL AMOR SE BURLA DEL FIN DEL MUNDO

Ahora que la joven Edith Piaf canta
                                         una vieja canción de amor
Pienso en un viaje
                que realizaré en un siglo venidero
Cuando toda la tierra sea de seguro esa canción
Y nadie ya me recuerde ni siquiera me busque

El día de ese siglo
          los claustros a la par que los burdeles
          las metrópolis al igual que las aldeas
Serán consumidas por esa canción de amor
Y yo andaré a la manera del pecado original
Burlándome del fin del mundo
Porque sólo el amor (en una canción de Edith Piaf)
                        puede burlarse del fin del mundo.



                         *



TABLA DE ASTRONOMÍA O PEQUEÑA HISTORIA CHILENA DEL COMETA HALLEY

En el verano de 1910 el cometa Halley
                     apareció en los cielos de Chile
Ese mismo año murió el presidente Pedro Montt
En 1758 hubo una lluvia de aerolitos
Y piedras de fuego quemaron los muchos bosques
                                                del verde territorio
También una sequía en 1834
Y una plaga de ratas y ratones asoló campos y graneros
          al igual que en le verano de 1986
Sólo que ahora incluyendo cárceles secretas
        cuarteles estadios de fútbol conventos y ciudades
(Y la muerte del presidente)

En el año de 2062 el cometa Halley
         aparecerá otra vez en los cielos de Chile
Para entonces yo Jaime Quezada
                       sobreviviente chozno de tanta historia
Estaré a la sombra de una nube atómica
Rascándome con una teja en medio de la ceniza
O muy sentado en una mecedora silla de neutrones
A sombra de un nuevo manzano en flor
Recordando la infancia de mi padre
Cuando se hacía retratar bajando de un caballo en 1910.



                             *



 YO JUAN LLAMADO DE LA CRUZ

En los campos de la prisión de Toledo
Yo Juan llamado de la Cruz
Me pasé los días dando de comer hierbas a los asnos
(Si los asnos rechazaban las hierbas
           era señal de hierbas venenosas)
No me daban siquiera un plato de lentejas
Tan flaco estaba que caminaba por el aire
Tocaba a Dios con los pies y con las manos
Comía sólo las hierbas que los asnos comían
Y no era ningún asno
Aunque me encerraban como un asno en una celda
A latigazo limpio echando afuera mis demonios:
Nada y nada hasta dar un pellejo y otro por mi Amado
Rebelde desobediente contumaz me gritaban
                                    mis guardianes únicos demonios

No pudieron aplicarme la ley de la fuga
(Que muchas ganas al parecer tenían)
Yo mismo me fugué por mis propios medios de la cárcel
Sin traje de soldado sin traje de travestista
Con mi pobre sayal de arpillera de Almodóvar del Campo
Y como caminaba por el aire no dejé huella alguna
A no ser mi amor de Dios flotando en ese aire.



                               *



SOLITARIO

Alguien toca los vidrios de la ventana
Yo estoy desnudo escribiendo una carta
A un amigo muerto hace un montón de años
Me asomo a la ventana y no hay nadie
Sólo un gato camina por el muro vecino
Debe ser el viento digo
Vuelvo a sentarme a la máquina
Alguien ha borrado lo que yo había escrito
Se nota claramente que lo han borrado
Quién diablos ha hecho esto
Abro el closet
Busco debajo de la cama
Muevo la mesa
Debo estar viendo visiones
Hace tres días que no como
Empiezo de nuevo a escribir la carta
Le cuento lo difícil que está la vida
Que sería bueno pensar en un viaje
Ahora mueven la puerta
Alguien da golpes con la aldaba
Pregunto que quién es
Nadie responde
Mi cuerpo se pone carne de gallina
Disimulo tener valor y abro la puerta
Adelante digo bondadosamente
No entra nadie
Debo estar loco
Estoy perdiendo el juicio
Me hace falta una mujer
Haré pedazos esta carta
Retiro el papel de la máquina
Apago la luz
Dudo si masturbarme o rezar
En ese momento me acuerdo de una película en la T.V.
Enciendo el televisor
Mañana escribiré la carta.



*


                                 
DATOS POCO DIVULGADOS PARA UN AUTORRETRATO

Me reconoceréis por mi cara de monje cartujo –no cartucho- leyendo salmos pasados de moda que mañana, sin embargo, serán cantados con música de jazz en los retretes, en los urinarios públicos, en el gran baño turco de la ciudad en tinieblas. Un pintor maya y ciego me hizo un retrato a pluma alzada en plena plaza pública de Copán (150 centavos de quetzal). Me puso unos ojos que no eran los míos sino los que habían sido suyos en otros siglos.

Mi rostro define mis oficios y cambia según el pronóstico del tiempo (que detecto por el temblor de mis bigotes de conejo): Bibliófilo. Historiador chileno del cometa Halley. Andinista (mi nombre está a 2.985 metros en el cráter-bitácora del volcán Antuco: sol de agua en mapuche). Coleccionista de tiovivos. Herbolario, botánico, micólogo: Me pasé años buscando la amanita muscaria hasta que di con ella en los bosques lluviosos de Valdivia (Chile). Astrólogo (la carta del vagabundo me viene bien).Y astrónomo por observación. El cielo y la tierra son mis dos puntos cardinales, más el centro, es decir, lo umbilical. Con un telescopio imaginario me comunico cada noche con un Astro imaginario: Dios. 

Acostumbro acodarme en la mesa del comedor, afirmando la barbilla en el puño de mi mano. Un arco tenso redondea como aureola mi cabeza. Las más de las veces, soy el que soy: rara avis en la poesía chilena. Ornitólogo de mí mismo, pájaro de cuentas.



La Florida (en Santiago de Chile), abril  y 2011.


este espacio está bajo licencia CC

 

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